Rayo 2010 "Construcciones Emmanuel" 4-2 ACADEMIA ALBICELESTE "C". Creer esta vez fue Poder.

Fieles a nuestros “principios” comenzamos encajando un gol cuando no llevábamos ni 2 minutos de partido, tras un disparo a la base del palo que sale hacia el centro de la portería rematando su delantero el rechace a puerta vacía. 0-1
Quizá por la costumbre de ir por detrás en los inicios, no perdimos la calma y asumimos el control del balón y del partido llegando pronto algunas ocasiones pero sin conseguir el premio del gol, aunque con buenas sensaciones de juego en toda la primera parte. Sin embargo en el 30’ tras un choque en un balón aéreo que dejaba a nuestro portero en el suelo llegaba el 0-2.
Seguimos trabajando y en el 35’ en un saque de esquina con el balón puesto en el corazón del área uno de nuestros centrales remataba de cabeza al fondo de la portería, haciendo recordar, a alguno de sus compañeros, goles de algunos de los nombres de centrales de leyenda. 1-2 al descanso.
Comenzamos la segunda parte refrescando el equipo en todas sus líneas, buscando por un lado un efecto revulsivo y además dando oxígeno a todo el equipo, necesario tras el parón del puente. Sin embargo nos costó volver a tener que ajustarnos y perdimos en los primeros minutos el control del balón.
En el minuto 20 otro gol para el recuerdo; desde fuera del área pase horizontal a nuestro extremo derecho que de primeras y con el exterior de su pie derecho colocaba a media altura cerca del poste derecho un balón imparable para subir el 2-2 al marcador.
Retomamos el control y la fe en que podíamos ganar el partido y se sucedieron varias buenas ocasiones hasta que en el 31’ y de penalti nos poníamos por delante 3-2. Penalti inocente por tocar el balón con la mano cuando ya lo tenía su portero, una de esas acciones que nos recuerdan a todos que siguen siendo niños jugando a un juego a los que les queda mucho por aprender y sobre todo mucho por disfrutar.
Y de nuevo los nervios cuando nos ponemos por delante en el marcador nos hacen irnos hacia detrás y ceder nuestro mejor tesoro, el balón, pasando por ratos de incertidumbre hasta que en el 37 llegaba un gol de “narices”; con su equipo volcado en nuestro campo buscando el empate robamos un balón en el centro del campo y tras galopada de nuestro centrocampista más rápido que sus defensas disparaba a puerta, su portero acertaba a rechazarla con tan mala suerte que le golpeaba a nuestro jugador fuertemente en toda la cara, pero el rechace se dirijía hacia el centro del área donde a puerta vacía uno de los nuestros establecía el 4-2 definitivo.
Y nueva lección para el fútbol y la vida, donde no siempre, pero sí muchas veces aunque las cosas no empiecen como esperabas si crees en ti mismo y en tu equipo es posible que se hagan realidad